Alrededor de todas las incertidumbres que viví este año, la que más me dolió fue el silencio. En ese echo que ahora le pongo tu nombre, fui impulsado por la nostalgia, y aunque prometí hacer el famoso “borrón y cuenta nueva”, decidí impartir en este pequeño paseo por la ciudad.
Empecé por donde el sol brilla, aprecie el mismo árbol del año pasado, y continúe mi trayecto. En medio de toda esa gente un sábado por la tarde, recordé de los lugares donde me mencionaron que hacían muchas fiestas buenas, y caminando me perdí otra vez, pero logré llegar a donde era mi primer destino. Al ver al soldado con el tanque de gas, recordé los chistes de revolución de los que se a hablaron esa noche, también me tomé el tiempo de preguntar en bares locales donde era mi siguiente parada.
Después de tomarme un retrato, camine por todas esas calles con en botas que se sentían incomodas. Llegue a la tienda de disfraces y quede fascinado con las mascaras que vendían, hasta cierto punto que se me olvido regresar la porto. Llegue ha donde el bandolero planeaba sus robos, compre una cerveza que supo muy amarga, grabe lo que tenia que grabar, y con eso termine la corta ruta.
Fue curioso el hecho que pude hacer esto sin lagrimas en los ojos, pero sobrestimé mi propia fuerza ese día. De vuelta a casa, llore en las calles llenas de gente, y lo peor fue ver como la gente pasaba a un hombre caído en llanto al punto de vomitar por la misma. Y aunque el sentimiento se sintió familiar, me dio una perspectiva diferente del por yo solo vivo en duelo.
Tal vez todo este dolor y nostalgia me lo merezco por pecado de querer, pero no me arrepiento de nada. Aun sabiendo que contigo ahora solo desperdicio mis palabras…